Antes del DILUVIO

¿Preparados para la jubilación? La encuesta de AEGON de 2015 confirma y desmiente algunos temores

En España, pocos temas gozan de un estudio estadístico adecuado y sistemático en el tiempo. Las actitudes hacia el ahorro de largo plazo no son una excepción, de forma que los analistas solo podemos agradecer los esfuerzos realizados por diversas instituciones privadas para obtener algunos retazos de esta compleja realidad. Un buen ejemplo de este tipo de trabajos es el capítulo 5 de “La Economía Política de las Pensiones en España” (fundación BBVA, 2008). Más interesante, por su carácter recurrente, es la Consumer Attitudes Survey  del Instituto Aviva de Ahorro y Pensiones, encuesta que se presenta como un barómetro sobre percepción de la jubilación. En el lado público, existen algunas encuestas del CIS que han explorado la opinión pública sobre temas relativos al ahorro y pensiones (eg. la opinión sobre la reforma de 2011 en el barómetro de marzo del mismo año). Estos estudios permiten apreciar hasta que punto es consciente la ciudadanía de las dificultades del sistema público de pensiones y de la necesidad de complementar las contribuciones sociales con ahorro individual. En este contexto, sólo podemos recibir con interés la cuarta entrega del Annual Retirement Readiness Survey” de la aseguradora AEGON (o, siendo más precisos, de su AEGON Center for Longevity and Retirement).

Retirement Readiness Index

El indicador “estrella” del estudio es una medida anual del grado de preparación para la jubilación entre los empleados de diversos países (retirement readiness index). Los datos se obtienen mediante encuestas online (16000 en la última entrega), realizadas en 15 países durante el mes de febrero de 2015.

El informe proporciona pocos detalles de la metodología empleada en la construcción
de la muestra y sus posibles sesgos de selección, de modo que hay que tener mucha precaución a la hora de evaluar los resultados encontrados. En principio,
entiendo que deberíamos tener un sano escepticismo a la hora de interpretar los valores  estimados de las distintas variables objeto de estudio como estimaciones poblacionales de las mismas. Al tiempo, el estudio si debería, proporcionar información útil (o al menos sugestiva) para comparar la situación relativa de los países participantes en la encuesta, confiando en que los criterios de selección sean homogéneos entre países.

Principales resultados del estudio

Esta comparación entre países arroja algunos resultados interesantes. Por ejemplo, sorprende descubrir que son los llamados “BRICs ” (Brasil, India y China, con Rusia ausente del estudio) los países cuyos ciudadanos están mejor preparados en términos relativos.  En segundo lugar se presentan los “usual suspects”, un grupo de países anglosajones con una larga tradición de ahorro privado como son Reino Unido, Canada y Australia,  a los que se une EEUU, Alemania y Los Países Bajos. En la cola en términos de preparación, sorprende ver a Japón y no sorprende tanto ver a Hungría y a España (que están ligeramente peor que Polonia, Turquía y Francia).

Esta clasificación general esconde un alto grado de heterogeneidad dentro de cada país. Lo usual es que en todos ellos más de la mitad de la población tenga un nivel de preparación pobre y que menos del 20% tenga un nivel bueno (los resultados numéricos se agrupan en 3 grandes categorías: bueno, medio y malo). España está peor que la media en ambas medidas (el 64 % de la población está mal preparada y sólo un 12% se situaría en el grupo bueno).

El resultado quizás más interesante del trabajo es que la práctica regular de ahorro es un predictor muy importante del grado de preparación: los ahorradores habituales tienen un 36% de probabilidad de estar en el grupo de los bien preparados, y sólo un 25%  de estar en la situación opuesta. Esta medida proporciona una cuantifiación relativamente precisa de una intuición evidente: que la crisis futura de pensiones sería mucho menor si la práctica de ahorro privado sistemático y consciente (no como, en gran medida, ocurre en España -tema sobre el que volveremos en otras entradas) estuviese más extendida. ¿Quienes son estos “habitual savers”? Se podría pensar que individuos de ingresos altos, pero los datos obtenidos indican que son personas sólo ligeramente por encima de la media en términos salariales (ingresan 41.000 dolares de media en el conjunto de los países, 29.000 en los países emergentes). El mensaje es claro: los que quieren ahorrar encuentran la forma para hacerlo aunque sus ingresos no sean muy altos.

¿Y el caso español?

Revisados los resultados generales, nos preguntamos lo que aporta el estudio específicamente para el caso español. Aquí encontramos una mezcla curiosa de resultados: algunos son sorprendentes, mientras que otros confirman la intuición apriori que podríamos tener sobre nuestro país.

En el lado de los sorprendente, encontramos que

  1. Casi un 50% de los participantes dicen tener un plan de jubilación a largo plazo (y entre ellos, un 20% han llegado al extremo de formular dicho plan por escrito). Aunque la cifra global es pobre en el contexto internacional, resulta (en mi opinión) superior a lo que uno esperaría de nuestro país. En países mejor estudiados (eg, EEUU) sabemos que la mayoría de la población no planifica … que nuestro país pueda hacerlo mejor en esta dimensión sería sorprendente. Por supuesto, una interpretación alternativa es que este resultado podría sea producto de una muestra muy auto-seleccionada (de personas que tiene contacto con la aseguradora responsable del trabajo y cuyas pautas de ahorro podrían no ser realmente representativas de la población) .
  2. La sospecha de un importante sesgo de selección crece al contemplar el siguiente resultado: en media, los participantes esperan obtener un 23% de su futura renta a partir de sus propios ahorros … esta cifra es muy superior a lo que observamos en la actualidad y parece optimista con los niveles de ahorro privado observables a día de hoy (en, por ejemplo, la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España). También sorprende la importancia que los participantes otorgan a la contribución del empleador: un 62%  considera la existencia de un “workplace retirement plan” (plan de jubilación organizado desde la empresa) como una parte básica de cualquier contrato de trabajo.
  3. Finalmente, vemos una proporción muy baja de participantes que no esperan ahorrar en ningún momento de su vida: un 8%. Entendiendo “no ahorrar” como “no ahorrar con herramientas privadas independientes del sistema público de pensiones”, es claro que esta cifra es muy inferior a la realidad perceptible en  nuestro país en la actualidad. Por otra parte, las bajas cifras de ahorro actual podrían tener mucho que ver con las dificultades creadas por la crisis (16% no ahorra ahora, pero lo hizo en el pasado: esta es una cifra sólo superada por la observada en el Reino Unido).

 

En el lado de los resultados más esperables, encontramos el pequeño catalogo de los horrores que, en buena medida, resume nuestra actitud respecto del ahorro a largo plazo:

  1. Un 15% de los participantes afirman no sentirse nada (o muy poco) responsables de la provisión para su propia jubilación. En el otro extremo,  sólo un 26% se sienten muy responsables. Sólo Hungría presenta un menor grado de percepción de la responsabilidad propia que España. En comparación, las cifras equivalentes en Brasil son del 5 y 56% y en  EEUU son del 3 y 55%. Estas cifras son una manifestación más de un problema endémico de una gran parte de la sociedad española: la creencia de “tener derecho” a cierto nivel de consumo (de vivienda, educación, sanidad, pensiones,…) independientemente de los esfuerzos en que se embarque cada persona individual, de su logros o fracasos. Se entiende que los poderes públicos tienen como función prioritaria garantizar esos “derechos” . Esta es una ficción que ha sido alentada por la gran mayoría de nuestra clase política y que, sorprendentemente, aún persiste después de estos devastadores (para la mayoría) años de recesión.
  2. No sorprende que un país que se siente poco responsable sea un país poco preparado y poco consciente de la necesidad de planificación a largo plazo. Nuestro país obtiene la peor medida de todos los participantes en esta dimensión. Por dar una cifra ilustrativa, sólo un 12% declara ser muy consciente de la necesidad de la planificación financiera (frente al 53% de Brasil o al 46% de Alemania).
  3. Nuestra capacidad de entender las cuestiones financieras asociadas a esta planificación también es baja, aunque otros países nos privan del dudoso honor de ser los peores en esta dimensión. Al menos parece que no sufrimos de un exceso de confianza sobre nuestras habilidades en este aspecto. También se intuye cierta “reverse causation” respecto a nuestro interés por la jubilación, ya que es difícil cuidarse de algo que no se entiende bien.  
  4. Finalmente, nuestra confianza en poder mantener un nivel de vida adecuado tras la jubilación es muy baja. Sólo los ciudadanos de Hungría y Polonia se muestran más pesimistas que nosotros. Si esto es así, cabe preguntarse qué nos retiene a la hora de tomar medidas que mejoren nuestras expectativas futuras. Es difícil de saber … quizás hay personas que aún confían en que los poderes públicos se hagan cargo de su subsistencia y bienestar futuro. Quizás la mayoría se ve incapaz de ahorrar más de lo que ya  hacen en forma de cotizaciones sociales obligatorias o por la vía de la amortización de su inversión en vivienda residencial.

 

El estudio ofrece algunas conclusiones y sugerencias. Se proponen dos conceptos muy atractivos: hacer que el ahorro de jubilación y largo plazo sea más fácil y sencillo y tratar de cambiar la visión bastante pasiva que se tiene del estado de jubilado por algo mucho más activo. Y se avanzan algunas ideas sobre como lograr ambos objetivos. Para el primero se proponen incentivos fiscales, mayor participación de las empresas (por ejemplo con planes de pensione de participación obligatoria) y proporcionando asesoría y consejo financiero. En futuras entradas discutiré que estas medidas son insuficientes y, quizás incorrectas. Necesitamos mejores productos de ahorro, que puedan ser útiles sin necesidad de una mayor cultura financiera (del mismo modo que los coches actuales no exigen mayores conocimientos de mecánica para conducirlos), y una actitud diferente de la industria y de los reguladores … dejamos esa importante conversación para tratarla con detalle en una entrada futura.

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