Antes del DILUVIO

Gasto en pensiones: ¿acertará la Comisión Europea?

Como en sus informes anteriores, el último informe sobre envejecimiento de la Comisión Europea (The 2015 Aging Report) incluye previsiones detalladas sobre el futuro del sistema de pensiones de cada uno de los países miembros. En el caso de España, las previsiones (que mostramos en el gráfico 1) son muy llamativas.

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Gráfico 1: proyección de la Comisión Europea

Crisis?, What Crisis?

 

El escenario dibujado es ciertamente plácido: la carga del gasto de pensiones de jubilación y viudedad sobre el PIB cae del 10.6 % al 10.2 % en 2030 y sube ligeramente hasta el 11.7 %  durante los años más complicados de la sustitución de nuestros “Baby Boomers”. No hay ni rastro de ningún tipo de crisis de pensiones (mucho menos de diluvios y otras catástrofes naturales).

Una primera reacción ante esta previsión es, sencillamente, de maravilla. Si existiese algún país en el planeta Tierra cuya senda realizada de gasto sobre PIB fuese tal y como proyecta la Comisión para España, este analista soñaría con vivir en el … O quizás no. Vayamos por partes. Una vez recuperado del asombro, es razonable plantearse dos preguntas  muy distintas. Primero (y obviamente), ¿es esta senda verosímil o es sólo una ilusión de nuestras queridas autoridades económicas? Más sutil es la segunda cuestión. Si esta previsión fuese cierta (al menos aproximadamente) ¿de verdad querríamos vivir en ese país?

Para responder  estas preguntas es útil comenzar estudiando lo ocurrido en nuestro pasado reciente. El siguiente gráfico ilustra la dinámica del gasto sobre PIB desde el año 2000, de acuerdo con el informe económico-financiero de la Seguridad Social 

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Gráfico 2: Senda histórica reciente

 

Observamos un aumento del peso del gasto en el PIB de 2.5 puntos porcentuales entre 2007 y 2014, cifras de cambio muy superiores a las proyectadas en cualquier período futuro … ¿Qué ha sucedido? ¿Ha llegado anticipadamente el diluvio demográfico?

Determinantes del gasto en pensiones

 

Obviamente no, pero veámoslo analíticamente. El gasto en pensiones es el producto de la pensión media por el número de pensiones (GPEN=b x NumP), y el PIB puede expresarse como producto del número de empleados por la productividad media por empleado (PIB=NumE x ppe). Expresándolo como ratio y agrupando términos tenemos: GPEN/PIB=(NumP/NumE) x (b/ppe). El primer factor puede extenderse multiplicando y dividiendo por el número de personas mayores de 65 años (P65) y el número de personas en edad de trabajar (PET). Tendríamos entonces:

GPEN/PIB=(NumP/P65) (P65/PET) (PET/NumE) (b/ppe) =

 

=tasa cobertura x tasa dependencia x (1/tasa empleo) x tasa reposición

 

El gasto en pensiones depende de 4 factores: la cobertura de pensiones por mayor, la demografía, el estado del mercado de trabajo y la generosidad de la pensión individual. ¿Cuál de ellos es el responsable del reciente aumento en el gasto? El gráfico 3 muestra la evolución de los cuatro factores durante los últimos 15 años.

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Gráfico 3: determinantes del gasto. Series históricas recientes

Los factores más ligados a las instituciones (cobertura y reposición) no parecen haber cambiando tanto como para generar el aumento del agregado (en general, sólo cambian con grandes reformas y, el segundo de ellos, con los cambios de productividad, aunque este es un aspecto complejo que dejamos para entradas futuras). Tampoco la demografía, aunque ésta ha comenzado a empeorar apreciablemente debido a la reversión del proceso migratorio. La clave ha estado en el tremendo deterioro del mercado de trabajo. La tasa de empleo ha caído por debajo de los valores observados antes de la “burbuja” inmobiliaria. El PIB ha caído en paralelo a la destrucción de empleo, reduciendo el denominador del ratio gasto/PIB y haciendo así más “oneroso” el peso del gasto en jubilación (que ha subido, pero no tan drásticamente como el ratio).

En resumen, el peso de gasto depende de muchos factores y su previsión es compleja. Junto a los aspectos demográficos (relativamente más fáciles de predecir) , los aspectos cíclicos de mercado de trabajo son muy importantes. Y, por supuesto, cambios institucionales también pueden tener un impacto (aunque estos suelen extender sus efectos a lo largo del tiempo conforme van afectando a distintas generaciones). Equipados con este bagaje podemos entender mejor  los detalles de la proyección de la Comisión Europea.

¿Es La proyección de la Comisión de este mundo?

 

Un primer aspecto a tener presente es que la proyección supone una senda suave en todos sus componentes macroeconómicos, de modo que no se considera la llegada de (inevitables) recesiones futuras. Realmente se proyecta la senda potencial en ausencia de ciclo económico. A la vista del tremendo impacto del ciclo en el gasto durante el período 2000 a 2014 sólo podemos concluir que la senda real tendrá, probablemente, períodos de gasto muy superior a los proyectados simplemente debido a la presencia de shocks cíclicos.

Centrándonos en los aspectos más “estructurales”, el lector que conozca los últimos cambios legislativos podría pensar (en su ingenuidad)  que la proyección de la Comisión simplemente refleja el eficacia del mecanismo de ajuste automático introducido por la reforma de 2013. Por construcción, este factor de ajuste automático GARANTIZA el equilibrio financiero del sistema … ¿Está, pues, asegurado el equilibrio por la nueva normativa en vigor desde 2013?

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Gráfico 4: proyecciones de gasto de la Comisión Europea y proyección propia (WP 14-20 Banco de España)

El Gráfico 4 proporciona un argumento para una respuesta negativa. La linea roja discontinua es la proyección generada por el modelo OLG desarrollado por este analista en el proyecto descrito en el DT 14-20 del Banco de España. Esta es una metodología más compleja que la usada en la Comisión, pero que tiene la ventaja de que todos los resultados macro son agregación de conductas individuales ( y, por lo tanto, coherentes entre si).  Dejando temas metodológicos al margen,  lo importante es que incluye el factor de ajuste automático que limita el crecimiento del gasto, pero también refleja los topes establecidos legalmente para la actuación del sistema. En períodos en que el equilibrio exige una caída en el valor del stock de pensiones superior a la máxima reducción legal, el ajuste del sistema deja de estar garantizado. Esto es lo que muestra la simulación en mi trabajo:   las caídas de pensiones exceden los máximos permitidos, dejando incompleto el ajuste del equilibrio financiero del sistema.

El panel inferior derecho del gráfico 5 ilustra claramente esta circunstancia. La simulación de la Comisión incluye una caída en la tasa de reposición (pensión media como proporción de la productividad media por empleado) mucho más acusada que la que está presente en el modelo de simulación.

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Gráfico 5: Componentes del peso de gasto en pensiones sobre PIB

La descomposición contable de los determinantes del ratio gasto/PIB del Gráfico 5 muestras otras diferencias apreciables en la dinámica del ajuste. También hay diferencias en los niveles de algunas variables, pero esto es menos importante ya que reflejar diferencias en las variables específicas utilizadas para la calibración económica (en particular, la calibración del empleo con datos de afiliación (Comisión) vs EPA (simulación DT 1420). Observamos que la simulación de la Comisión necesita un aumento de la tasa de empleo muy importante, aumento que excede cualquiera de nuestras experiencias históricas previas (y que resultaría difícil de alcanzar incluso para los países de la UE con tradición de alta participación laboral).

Tenemos, en resumen,  elementos suficientes para dudar de la factibilidad de la proyección de la Comisión. Pero incluso si ésta fuese posible, aún tenemos pendiente al segundo de los dilemas con los que comenzamos esta entrada … ¿Querríamos vivir en un país como el descrito en la proyección?  Acostumbrados a unas pensiones que han mantenido su poder real de compra (y recientemente aumentado su valor relativo a los salarios) resulta difícil imaginar el mundo implícito en la simulación del Gráfico 1. Sólo el panel inferior derecho del Gráfico 5 nos da la pista de la entidad del ajuste que subyace al reducido coste en pensiones: los ingresos de pensiones individuales caen sistemáticamente en el tiempo frente a la productividad y el salario. Con toda probabilidad, esta caída también implicará reducciones importantes en el nivel real de las pensiones. Produce escalofríos pensar en un mundo en que, sistemáticamente, las pensiones de hoy son menores que las de ayer y mayores que las de mañana. Un mundo en que se tiene la certeza (durante un rango de años) de que todo lo que nos deparará el futuro son ingresos de pensiones sistemáticamente más pequeños.

No es un mundo en que el nos gustaría vivir y, de hecho, no creo que sea un mundo con muchas probabilidades de llegar a ocurrir. Es más probable que el sistema político genere un (o varios) acuerdos institucionales diferentes en que la pensión sea más estable (al menos “nominalmente”). Seguramente se trasladará parte del ajuste a las cohortes de trabajadores. Formalmente la reforma de 2013 puso fin a la indefinición e incertidumbre política existente en nuestro sistema de pensiones. Pero las dudas sobre la supervivencia del nuevo sistema son razonables. Y con ellas las dudas sobre cualquier proyección de gasto basada (entre otros supuestos) en la pervivencia del mismo.

 

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