Antes del DILUVIO

El envejecimiento prosigue su avance …

El lunes pasado, 21 de Abril, el INE hizo públicos los últimos datos de la estadística del padrón continuo. Muestran un patrón de caída suave en la población y (leyendo entre líneas) una cierta mejora en los intensos flujos de salida de extranjeros que han caracterizado el tramo final de la crisis económica que empezó en 2008. Así entre 2013 y 2014 “perdimos” casi medio millón de extranjeros residentes en España. Esta cifra se ha reducido a trescientos mil este último año (gráfico 1) . ¿Volveremos a ver cifras positivas en los próximos años?

Gráfico 1, Nota de prensa del INE, 21 de Abril de 2015

Gráfico 1, Nota de prensa del INE, 21 de Abril de 2015

Es una pregunta clave para el futuro de nuestras pensiones. Es bien conocido que la demografía influye en la situación financiera de los sistemas de pensiones de reparto (donde los pagos a los jubilados se financian con las cotizaciones sociales de los trabajadores). En entradas futuras estudiaremos las distintas conexiones entre demografía y pensiones, pero revisar la situación demográfica pasada (y las expectativas futuras) puede ser un buen punto de partida.

Las complejas pautas demográficas españolas

 

La dinámica poblacional española de los últimos 15 años ha sido compleja por
la superposición de 3 fenómenos demográficos muy poderosos:

  1. La caída secular de las tasas de mortalidad.
  2. La compleja dinámica de la fecundidad, que combina factores cíclicos y estructurales y
  3. la llegada de una gran ola de inmigración durante la primera década del presente siglo y su posterior reversión como consecuencia de la crisis.

 

La mayor longevidad de nuestra población  es uno de los cambios socio-económicos más profundos  de nuestra sociedad. Sus consecuencias son muy importantes, pero su avance es tan lento en el tiempo que tiende a pasar desapercibido. Necesitamos una perspectiva histórica como la que proporciona el gráfico 2 para apreciarlo.

Esperanza de vida histórica y proyección INE

Gráfico 2: Esperanza de vida histórica y proyección INE

Una niña que nace en 2015 puede esperar vivir (en media) 5 años más que su madre (nacida en 1990)  y casi 12 años más que su abuela (nacida en 1965). Para los niños las cifras son similares (6 y 12 años, respectivamente). El cambio es dramático: para los varones nacidos antes de 1960 no existía la noción de jubilación (la esperanza de vida apenas alcanzaba los 65 años). Ahora podemos esperar una larga fase posterior a nuestra salida del mercado laboral. En media, los nacidos hoy esperarían unos 20 años de vida para las mujeres (hasta los 85 años, suponiendo jubilación a los 65) y unos 15 años para los hombres. Más allá de las cifras medias, la  fase “post-jubilación” de muchas personas será mucho más larga (de hecho, aproximadamente el 50 por ciento de los individuos vivirán más que la media). Además (y como muestra la línea roja del gráfico 2), cabe esperar que esta tendencia continúe en el futuro.

Esta pauta de mayor longevidad supone un desafío tremendo para nuestro ahorro personal. En España la mayor responsabilidad de ese ahorro recae en el sistema público de pensiones. Sobre el trasladamos el reto de garantizar nuestro ingresos durante la vejez, cuando la duración de esta fase es sistemáticamente mayor.  ¿Cómo atiende el sistema a este reto?

En un sistema de reparto la respuesta es “recaudando mayores cotizaciones de la población trabajadora”.  Al menos en su mayor parte, ya que el sistema tiene un fondo de reserva que podría utilizarse para generar ingresos alternativos de la gestión de su cartera de activos. No habrá problema si hay más trabajadores o si estos son mucho más productivos. Esta posibilidad depende de varios factores (las tasas de participación por edades, las tasas de paro por edades, la dinámica de la productividad, … ), pero el factor de fondo más determinante es el tamaño de la población en edad de trabajar. Lo que nos lleva a los otros dos procesos demográficos clave: la natalidad y la inmigración.

El ciclo de fecundidad

El determinante más importante del número de trabajadores es el número de nacimientos ocurridos entre los 65 y los 20 años precedentes. El gráfico 3 muestra la dinámica de esta variable en nuestro país en los últimos cuarenta años.

Gráfico 2:  Número de nacimientos

Gráfico 3: Número anual de nacimientos

Observamos dos procesos: los nacimientos caen fuertemente hasta mediados de los noventa. Luego se recuperan, pero este proceso se detiene por la crisis. Esto plantea una certeza y una duda. La certeza es que las cohortes nacidas entre (aproximadamente) 1980 y 2000 son mucho más pequeñas que las cohortes precedentes, y que las cohortes nacidas entre 2000 y 2015 serán algo más grandes, pero aún menores que las cohortes de jubilados con las que tendrán que convivir. La duda es cuál será el comportamiento futuro de esta variable: ¿se recuperará con la mejora en la situación económica?

Para responder debemos atender al comportamiento de la fertilidad subyacente, que se resume en el indicador coyuntural de fertilidad (el número medio de hijos en el ciclo reproductivo completo de la mujer, ICF). El gráfico 4 muestra su evolución histórica y la proyección más reciente del INE para esta variable.

Gráfico 3: ICF histórico y proyección INE

Gráfico 4: ICF histórico y proyección INE

El ICF cayó desde un valor próximo a 3 durante los años 60 hasta cifras apenas superiores a 1  hijo por mujer a mediados de los 90. A partir de ahí el indicador se recupera. Esta pauta de caída y recuperación es muy común entre distintos países europeos, donde este “ciclo” demográfico ha tenido lugar unos años antes que en España. En países como Francia y Reino Unido se ha  recuperado los 2 hijos por mujer que garantizan el reemplazo poblacional. En la mayoría de los países nórdicos se ha convergido a cifras menores pero elevadas (entorno a 1.8 hijos por mujer). En algunos países de Centroeuropa el ICF se ha estabilizado en cifras mucho menores (Austria, Alemania con valores entorno a 1.4). ¿A qué grupo pertenece España?

Es difícil de decir, pero las perspectivas no son muy favorables. Parte de la recuperación en el número de nacimientos se debió a la llegada de inmigrantes jóvenes con tasas de fecundidad superiores a las de los nacidos en España. El futuro del ICF depende, en consecuencia, tanto de la fecundidad de los “nativos” como de la dinámica de la migración (que vemos más abajo) . Quizás la crisis sólo ha retrasado los nacimientos planeado por las parejas nacidas en España (con lo que el ICF podría recuperarse tras superar la crisis). Pero  la experiencia europea indica  que se precisa un conjunto de medidas de apoyo a la familia mucho más completo que el actualmente existe en nuestro país. Respecto de la inmigración, su futuro dependerá de la fuerza y “calidad” de la recuperación económica. En conjunto, es probable que recuperemos valores superiores del ICF, aunque nos quedemos lejos de los 2 hijos por mujer. La previsión del INE de caídas continuadas en el futuro es, en este sentido, muy extrema (las proyecciones de otros organismos trabajan con cifras entre 1.5 y 1.7 hijos por mujer).

 Migraciones: ola de ida y vuelta.

Volviendo a la pregunta inicial, hemos aprendido que las cohortes de nacidos en España serán demasiado pequeñas para pagar las pensiones de los mayores (salvo que los tipos de cotización suban o sus tasas de empleo sean mucho mayores, posibilidades que discutimos en otros posts). Pero aún podría ocurrir que la llegada de trabajadores de fuera de España “completase” las mermadas cohortes nacionales y “resolviese” el problema.

Gráfico 4: estimaciones del saldo migratorio y proyección futura INE

Gráfico 5: estimaciones del saldo migratorio y proyección futura INE

De hecho, el gráfico 5 muestra que esto ocurrió durante la primera década del siglo (creando, por cierto, una falsa euforia entre los responsables de la Seguridad Social española). Es difícil saber exactamente el flujo migratorio neto (ya que parte de las entradas y salidas no cumple con los procedimientos administrativos legales), por lo que hay cierta incertidumbre respecto de esta variable. Es indiscutible que antes de la crisis se produjo una enorme ola de inmigración (al calor de la expansión económica propiciada por nuestro sector inmobiliario). En 2007, las revisiones intercensales de población del INE estimaban los flujos realizados en las cifras (del orden de cientos de miles) mostradas por la línea azul del gráfico 5. Estudios posteriores han tendido a rebajarlas algo. Las cifras más recientes obtenidas de la Encuesta de Migraciones apuntan a flujos algo más moderados, que se han tornado marcadamente negativos desde el año 2010. Estas cifras son bastante compatibles con los valores obtenidos en las variaciones residenciales declaradas en los padrones (con los que empezamos este post) y que muestran que la intensidad de la caída habría comenzado a moderarse. Si esto es así, y la recuperación económica se consolida, tendría bastante sentido la proyección que nos ofrece el INE para los próximos años (línea discontinua roja del gráfico 5). De hecho, si la recuperación fuese vigorosa podríamos ver recuperaciones incluso más rápidas y fuertes que las dibujadas.

EN RESUMEN,  no hay duda de que los inmigrantes tienen un papel que jugar en el pago de las pensiones futuras de nuestros mayores. Su papel podría ser importante, pero ellos no pueden resolver “el problema” por si solos, salvo que se produzcan flujos sin precedentes en la perspectiva europea reciente. Recuerde el lector que el gráfico del número esperado de trabajadores por mayor que mostramos en la página inicial de esta web incluye una proyección poblacional muy optimista, con mucha inmigración y una recuperación genuina de la fecundidad. El envejecimiento poblacional, pues, supone un reto real para la estabilidad de nuestras pensiones. En su forma actual, los pagos serán insoportables para las generaciones venideras … el cambio en el sistema es inevitable (como las últimas reformas han puesto de relieve) así como la necesidad de ahorro complementario privado. Esto es material para entradas futuras de este blog.

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