Antes del DILUVIO

¿Cuánto más debemos ahorrar para la jubilación?

Una gran mayoría de españoles son conscientes de que los pagos futuros de pensiones son inciertos y conviven regularmente con la recomendación (formulada desde distintas instancias) de complementar las pensiones públicas utilizando herramientas de ahorro privado. Por razones obvias, la industria financiera asimila esta recomendación a la adquisición de planes de pensiones (ver, por ejemplo, el primer punto del reciente decálogo para una jubilación perfecta). La perspectiva para los consumidores puede ser diferente.

Pero antes de discutir el “como” ahorrar vamos a preguntarnos por el “cuanto” ahorrar.

¿Debemos ahorrar más?

 

Aunque pueda sonar extraño (especialmente para nuestros amigos centroeuropeos menos críticos con los lugares comunes) los españoles hemos ahorrado bastante en el pasado, aunque hemos usado muy poco los activos financieros clásicos para esta tarea. De acuerdo con la Encuesta Financiera de las familias del Banco de España,  la riqueza neta mediana de las familias en 2011 es de 153.300 Euros, que es una cantidad nada despreciable. Ésta riqueza se materializa mayoritariamente en activos reales, especialmente vivienda. Absorbe el 84,4 % del valor de los activos totales de los hogares,  una proporción que es en gran medida independiente del nivel de renta. Los pagos mensuales de los créditos hipótecarios son, de hecho, la forma de ahorro regular más importante de los españoles.

De la segunda forma en que se materializa nuestro ahorro somos, en general, menos conscientes… ya que no llegamos a tomar posesión material de ella. Todos los trabajadores estamos obligados a contribuir un importante porcentaje de nuestra renta laboral a la Seguridad Social. Normalmente infravaloramos la importancia de este pago porque desconocemos la cuota que paga el empresario en nuestro nombre. Pero esa cuota empresarial es también parte de nuestro salario. A cambio, tenemos la promesa de algún tipo de pensión en el futuro.

Con cierta ingenuidad podríamos calcular nuestras pensiones futuras extrapolando al futuro las tasas de reposición que genera la legislación actual. Éstas dependen de las características individuales pero son, en general, elevadas en el contexto de los países de la OCDE. De hecho, las pensiones actuales son tan importantes (en relación al salario) que han hecho innecesario (y para los trabajadores de ingresos más bajos simplemente imposible) el ahorro privado complementario. Esta es una queja habitual entre las personas cuyos ingresos no son elevados: el salario disponible tras atender todos los pagos “fijos” es tan bajo que es imposible ahorrar. Tras la caída salarial generada por la crisis, los pensionistas presentan una situación financiera más desahogada que la de los trabajadores. Las cifras que mostramos a continuación corroboran esta intuición.

La “revolución” de 2013

Esta tesitura puede verse alterada por la última reforma del sistema de pensiones (ley 23/2013, BOE 26 diciembre 2013), que ha introducido dos figuras nuevas  (el Factor de Sostenibiliad, FS, y el Factor de RevalorizaciónFRP) que cambian sustancialmente la forma en que se calculan nuestras pensiones. El FS ajusta por el aumento en el tiempo de la esperanza de vida; EL FRP  sustituye la indexación a la inflación de los pagos corrientes de pensiones por una formula destinada a  equilibrar el balance de ingresos y gastos del sistema (sobre un horizonte de 10 años). La consecuencia previsible del funcionamiento de ambos mecanismos es una bajada generalizada de los ingresos de pensiones en los próximos años. Además, estas medidas se unen a la reforma 2011, que introdujo un retraso progresivo en la edad legal de jubilación (salvo para carreras contributivas extra-largas). Una buena descripción de estos cambios puede encontrarse en esta web.

¿Cuánto caerán las pensiones futuras?  En la perspectiva de esas caídas futuras, ¿es posible que ahora si tenga sentido ahorrar más con instrumentos privados? La única forma de responder a estas preguntas es estudiando casos concretos.

Una familia representativa

Para proporcionar respuestas ilustrativas voy a utilizar algunos de los resultados de una simulación de pensiones que estoy realizando para FEDEA. Entre los muchos casos posibles (algunos de los cuáles estarán disponibles para el lector interesado en el documento original de FEDEA, cuyo link se anexará de modo inmediato a su publicación en los próximos días) voy a explorar el caso de un hogar de ingresos medio-bajos cuyos cónyuges nacieron en 1970 (de modo que tienen 31 años en 2001, año en que comenzamos nuestra simulación). Para calcular sus pensiones futuras necesitamos supuestos sobre su comportamiento laboral y decisiones de consumo/ahorro. Así, suponemos que su participación laboral ha sido continua desde su entrada en el mercado de trabajo. Suponemos que adquirieron una vivienda a la edad de 25 años mediante un crédito hipotecario a 30 años. En 2015, el valor de la vivienda es de 150.000 euros (lo que vendría a situarles algo por debajo de la mediana de la distribución de esta variable en España, de acuerdo con la Encuesta Financiera de las Familias de 2011 (cuadro 3 de este documento). Suponemos que el hogar trasfiere a sus hijos la vivienda en forma de herencia al final de la vida de los cónyuges. Aparte, existen herramientas de ahorro líquido privado para los que proyectamos una recuperación progresiva en los tipos de interés (creando así un entorno atractivo para el ahorro complementario individual).

La renta laboral de los miembros del hogar corresponde a los perfiles de ciclo vital por género estimados en la Encuesta de Condiciones de Vida  para individuos con educación secundaria de primer ciclo. A este perfil añadimos una recuperación progresiva del crecimiento del salario/productividad de hasta un 1.5% anual en el año de su jubilación. Ésta tiene lugar en 2035 al alcanzar los 65 años de edad, momento en que calculamos su pensión conforme a la normativa actual (ambos cónyuges cualifican para recibir pensión de jubilación). El perfil de ingresos netos disponibles para el consumo a lo largo de la vida del hogar se representa en el panel superior izquierdo del Gráfico 1 (linea azul continua).

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Gráfico 1: Renta disponible, consumo, ahorro y stock acumulado de riqueza financiera por edad para el hogar representativo nacido en 1970.

Antes de la reforma resulta llamativo el elevado valor de los ingresos de pensiones en relación a los ingresos laborales netos: en el intervalo de edades 65/100 se percibe un ingreso bruto de pensiones de, en media, 20.9 miles de euros anuales (todas las cifras monetarias están en euros constantes de 2010). Los ingresos laborales brutos medios son mayores (22.1 miles), pero la renta disponible durante la fase  laboral es menor. En media, nuestro hogar pagará cada año 6.7 miles de euros en impuestos, 3.3 miles en cotizaciones sociales y 2.2 miles en cuotas de amortización de la deuda hipotecaria, dejando apenas 10.0 miles de euros para gasto discrecional y ahorro privado. En los años de jubilado esta cifra es de 13 mil euros, un 30% superior!
Además, el gráfico muestra claramente que los valores de ingresos son muy inferiores durante los primeros años de vida laboral, de modo que la tendencia natural es a trasferir recursos de las pensiones futuras a edades más tempranas. Las fricciones existentes en el mercado de capital pueden dificultar estas trasferencias o incluso bloquearlas completamente, pero de lo que no cabe duda es que el perfil general de ingresos de ciclo vital crea un obstáculo formidable a los flujos en sentido opuesto (del presente al futuro, es decir, en forma del tradicional ahorro privado de jubilación).

Para verlo formalmente resolvemos un problema de consumo/ahorro óptimo de ciclo vital (en la tradición del modelo de Modigliani/Brumberg). Es decir, calculamos el ahorro que es matemáticamente óptimo para un decisor racional con información perfecta. Básicamente, la solución consiste en evitar los cambios drásticos en los niveles de consumo.

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Gráfico 2: consumo e ingresos disponible del hogar representativo por edad. La caída de ingresos entorno a los 40 años se debe a la crisis 2008/2013. La subida entorno a los 60 representa el fin del pago de cuotas hipotecarias.

La solución se representa gráficamente en el panel superior derecho del Gráfico 1 y de modo más detallado en el Gráfico 2:  el consumo sigue la pauta del ingreso, pero claramente suavizada. Como la renta disponible es pequeña al principio de la vida, encontramos que el hogar prefiere anticipar parte de los ingresos futuros de pensiones a los años laboralmente activos en que los gastos (hipoteca, cotizaciones) son mayores. Esta magia (traer consumo del futuro) es la esencia de los mercados financieros, y es viable en este caso gracias a la presencia de una garantía real (la vivienda) para estos flujos de crédito. En media,
es óptimo que el hogar se gaste 10.7 miles de euros en consumo discrecional anual durante la fase laboral activa y 12.9 miles durante la jubilación, endeudándose por valor de 0.7 miles de euros anuales hasta los 65 años.

Esta medias simplifican el rico patrón de ahorro en el ciclo vital que se muestra en el panel inferior izquierdo del Gráfico 1: el hogar se endeuda hasta el momento en que terminan los pagos de hipotecas (con 55 años) y sólo se ahorra realmente entre los 55 y 65 años y en los años finales de la vida. La acumulación de activos financieros/Deuda (excluyendo la riqueza inmobiliaria) se muestra en el panel inferior derecho del mismo gráfico. Lo que vemos en este caso particular confirma una realidad constatable en los datos agregados: el nivel de ahorro adicional al ahorro forzoso en cotizaciones sociales y al ahorro para pago de la vivienda es nulo. Lo óptimo, de hecho, en nuestro ejemplo con mercados perfectos, es  asumir un pequeño nivel de deuda que complemente los bajos ingresos netos disponibles al principio de la vida laboral y que  se amortize progresivamente a costa de una pequeña parte de los pagos futuros de pensiones. En resumen:

 el comportamiento observado en una mayoría de personas de ingresos medio/bajos de no contribuir a pensiones privadas coincide, de hecho, con una conducta óptima.

El impacto de la reforma

 

La reforma 2013 podría cambiar el panorama al reducir apreciablemente los ingresos futuros de pensiones. ¿No debe nuestra familia representativa ahorrar más para
compensar esta caída de ingresos futuros? Las líneas rojas discontinuas del gráfico 1 muestran el comportamiento óptimo en el nuevo entorno.

Lo primero es enfatizar la enorme caída de ingresos de pensiones que generará la reforma (panel superior izquierdo). En media, el hogar tiene ahora 14.6 miles de ingresos anuales brutos de pensiones. Tras pagar los correspondientes impuestos  sólo quedan 9.7 miles de euros, un 25% menos que antes de la reforma. Es cierto que los ingresos en la fase activa suben (las menores pensiones implican una bajada de impuestos apreciable), pero este efecto es mucho menor que la pérdida de ingresos de pensiones. Aplicando la misma lógica de suavizado de consumo vemos que, en el nuevo entorno, el hogar reduce su consumo durante la fase laboral (de 11 mil a 10.3 miles de euros), de modo que su posición financiera es mejor a lo largo de toda la vida. Ahora el individuo no llega a tener un saldo financiero neto negativo (ie, deudor) en ningún momento de la vida, y acumula un saldo positivo algo mayor a 50 mil euros antes de la jubilación. Con ello complementa sus ingresos de vejez en unos 2.3 miles de euros anuales. Esto no impide una caída sustancial de su consumo de vejez de 13 a algo más de 12 mil euros anuales.

En resumen: la reforma induce caídas sustanciales de renta que los individuos deberían repartir entre su fase labora y su fase de jubilación. La respuesta a nuestra pregunta es, por tanto, positiva: se debe ahorrar más, pero el impacto cuantitativo es pequeño (para nuestra familia, de unos ochocientos euros al año en media).

 

Otras cohortes

Hasta ahora hemos mostrado resultados para la cohorte nacida en 1970. Podemos hacer cálculos parecidos para otras cohortes. De hecho, es muy importante para entender la lógica de la reforma, como abordaremos en el siguiente de nuestros posts. De momento, los gráficos 3, 4 y 5 comparan resultados antes y después de la reforma para las cohortes nacidas en 1960 y 1980 (además de para la cohorte ya conocida de 1970).

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Gráfico 3: Diferencia absoluta en los ingresos disponibles tras la reforma de pensiones por edad y año de nacimiento (en miles de euros de  2010).

El Gráfico 3 muestra los cambios en ingresos inducidos por la reforma. Vemos que, en términos absolutos, las reducciones en los ingresos anuales de pensiones son ligeramente crecientes con el año de nacimiento (oscilan entre 3 mil y 3.5 miles de euros al año). La diferencia entre cohortes es mayor en la pauta de ingresos laborales: las cohortes más tardías disfrutan del alivio que la reforma causa en los tipos impositivos futuros durante más tiempo. La reforma redistribuye, de esta manera, renta de las cohortes más mayores hacia las cohortes más jóvenes. Como se ha indicado antes, revisaremos la optimalidad de esta practica en un post futuro.

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Gráfico 4: ratio entre el consumo tras las reforma y el consumo antes de la reforma, por edad y año de nacimiento.

La respuesta del consumo a la reforma para las 3 cohortes se muestra en el gráfico 4. Aunque el impacto es contractivo, aquí si se observan  pautas  distintas entre las cohortes. La cohorte más mayor (los nacidos en 1960, que sólo tienen 10 años laboralmente activos tras la reforma) son los que sufren pérdidas de consumo mayores: casi un 7% de caída (frente al 5.4 % de nuestra cohorte de 1970 y un 3.2 % para la cohorte de 1980). Vemos, pues, que el diferente tratamiento de las rentas entre cohortes se trasmite en forma de diferentes niveles de consumo.

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Gráfico 5: diferencia absoluta entre los niveles de ahorro después y antes de la reforma de pensiones, por edad y año de nacimiento (en miles de euros de 2010).

El gráfico 5 nos da la respuesta a la pregunta con la que encabezamos el post: cuanto más debemos ahorrar tras la reforma. Muestra el cambio absoluto en el nivel de ahorro anual inducido por la reforma.  En media, la cohorte de 1960 debería ahorrar 860 euros más al año, la cohorte de 1970 unos 780 euros y al cohorte de 1980 unos 700 euros. El gráfico muestra como se reparten estos valores medios en función de la edad. Por ejemplo, la cohorte del 80 ahorra casi 2000 euros más al año en las edades más próximas a la jubilación, pero muy poco más en edades tempranas.

Conclusión

 

La reforma 2013 induce caídas de consumo importantes, de entre el 3 y el 7% anual, que son especialmente dañinas en las edades más avanzadas de la vida de las personas. Aún así, el aumento bruto de ahorro por hogar es bastante pequeño … la industria financiera no puede esperar un gran aumento de fondos extra por ahorrador entre las familias de medios modestos (aunque si una subida apreciable en el número de los mismos). Lamentablemente, los resultados en el mundo real (con muchas más fricciones que en nuestro mundo de simulación) podrían ser aún más devastadores para los hogares. Tanto por falta de previsión por el individuo como por ausencia de mercados de capital avanzados, la solución más probable en cada caso es que el consumo esté mucho más próximo a los ingresos anuales de lo que muestra nuestro cálculo de consumo óptimo. De ello se siguen dos conclusiones generales:

(1) Que la reforma no generará un aumento muy apreciable de ahorro en el grupo de renta considerado
(2) Que la pérdida de bienestar de los hogares cuyos miembros sobrevivan hasta edades avanzadas será realmente tremenda, ya que las caídas en el nivel de ingresos se trasladarían íntegramente al consumo de los mayores. No es por nada que esta página web se llama Antes del Diluvio

Anticipado esta situación, las personas pueden buscar protección de diversa maneras, a las que dedicaremos distintas entradas en el futuro ( enumerando alguna de las más inmediatas: trabajando más, retrasando la edad de jubilación, compatibilizando jubilación y trabajo, mejorando los retornos del ahorro seleccionando mejores herramientas de ahorro, mejorando la calidad general y adaptabilidad de su capital humano presente y futuro…) Paradójicamente, la mejor esperanza en este panorama desolador procede de la innovación financiera. El hogar, de hecho, dispone de una fuente de riqueza adicional con la que podría compensar la caída en los flujos de ingresos de pensiones: su vivienda. En la actualidad no hay herramientas eficaces para aliviar la iliquidez de esta forma de ahorro, pero el desarrollo de hipotecas inversas podría cambiar radicalmente esta situación. En EEUU y otros países ya existen este tipo de productos, pero su desarrollo no ha sido muy satisfactorio a nivel del consumidor.

La industria financiera tiene, pues, una gran oportunidad para su desarrollo en el futuro próximo. NO es la que ellos esperan (y preferirían): una subida masiva en la participación en planes de pensiones. Exigirá un algo grado de innovación (el envejecimiento que crea problemas a las pensiones públicas también los creará en los mercados de activos reales), de modo que será un reto difícil alcanzar. ¿Estará la industria a la altura del desafío?

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